Escapa Portugal I

Escapada Portugal II

Escapada Portugal III

Escapada Portugal IV

Estación de Rossio.

LISBOA (Portugal)

 

De aquel glorioso pasado como capital de un imperio conserva Lisboa numerosos vestigios. Es la mayor ciudad de Portugal, siempre en constante rivalidad con Porto. Su influencia es tal, que en su área metropolitana vive más de la cuarta parte de la población del país; unos tres millones de habitantes.

 

Lisboa está indisolublemente asociada al río Tajo, que aquí se ensancha hasta parecer un mar. Las inmejorables condiciones naturales del lugar para establecer un puerto marítimo hicieron que ya los fenicios estableciesen una colonia. De hecho algunas teorías sostienen que el nombre de la ciudad proviene de la palabra fenicia Allis Ubbo, que significaría puerto seguro. Verdad o no, lo cierto es que hay noticias de asentamientos humanos muy antiguos que se pueden admirar en el interior del claustro de la catedral.

 

Lisboa se saborea caminando, subiendo sus empinadas cuestas y posando los ojos en sus rincones. La ciudad está construida sobre siete colinas, lo que a veces hace casi imposible circular con coche. Si uno no puede caminar por una orografía tan exigente, puede hacer uso de los tres funiculares que hay, o del precioso elevador de Santa Justa, que salva el desnivel entre la Baixa (el barrio bajo, que es el corazón de la ciudad) y o Carmo. La Baixa es el barrio más céntrico y el más comercial. Aquí están las plazas más importantes de la ciudad: la de los Restauradores y la del Rossío.

 

La Plaza del Rossío.

 

Está en una zona de paso obligado y es, al mismo tiempo, una de las visitas obligatorias. En ella está el edificio del Teatro Nacional. Pero sobre todo la fachada del imponente edificio de la estación de ferrocarril. Construida a finales del s. XIX en estilo neo-manuelino, “marea” al visitante por su extraordinaria decoración. El arquitecto se inspiró en el estilo característico de la Portugal del s. XVI (manuelino, en honor al rey Manuel I). En su interior destaca el impresionante techo de los andenes, que fue idea del genial Gustave Eiffel. Es también un buen medio para desplazarse a las cercanas Sintra y Queluz, dos lugares de visita obligada para cualquier trotamundos con ansias de conocer las entrañas de Portugal. A partir de aquí tenemos tres opciones. Podemos subir al castelo de San Jorge o a ver las ruinas del Carmo, que están justo en la colina de enfrente. También podemos acercarnos hasta el río para ver la espectacular anchura que tiene el Tajo en su desembocadura o seguir el curso del río hasta el emblemático barrio de Belem, donde están dos de los monumentos más impresionantes de Lisboa. Seguiremos esta opción.

Fachada de los Jerónimos.

Claustro de los Jerónimos.

El Monasterio de los Jerónimos

 

El Monasterio de los Jerónimos. Es la joya del arte portugués y la cumbre del estilo manuelino. El rey lo mandó construir para festejar el regreso de la India del descubridor Vasco de Gama. Se levantó sobre la ermita en la que el propio Vasco de Gama y sus hombres pasaron la noche rezando antes de iniciar ese histórico viaje a la India. Lo más destacado del monasterio son su fachada, el interior de la Iglesia y el claustro. En los Jerónimos se hallan las tumbas de algunos de los más destacados hombres de la historia portuguesa. Aquí reposan los restos del navegante Vasco da Gama, y las dos glorias de las letras portuguesas, el poeta Luis de Camoes, el Cervantes portugués, y Fernando Pessoa. Se puede aprovechar la visita para ver también el interesante Museo Nacional de Arqueología, ubicado en un anexo del convento.

 

La Torre de Belem.

 

Casi enfrente de los Jerónimos se encuentra la Torre de Belem, otro de los monumentos representativos de la prolífica arquitectura manuelina. Comenzó a construirse en 1514, y de las obras se hizo cargo el mismo arquitecto del monasterio de los Jerónimos. La torre está en la desembocadura del Tajo y es uno de los primeros baluartes para artillería que tuvo Portugal. Este era un lugar privilegiado para la defensa del inmejorable puerto lisboeta. La torre tiene cinco pisos y en ella se puede ver la primera representación que se hizo en Europa de un rinoceronte. Buscarlo es una tradición tan enraizada como la rana en la fachada de la universidad de Salamanca. Es Patrimonio de la Humanidad junto con los Jerónimos.

 

El Castelo de Sao Jorge.

 

Es uno de los lugares más conocidos de Lisboa y desde su atalaya domina toda la ciudad. Sus orígenes se remontan al siglo V, cuando los visigodos comienzan su construcción. Pero se supone que hubo asentamientos humanos en el lugar mucho antes. En los últimos años se han recuperado restos fenicios, griegos y cartagineses, lo que da idea de su dinámico pasado y de su privilegiada situación para controlar todo el territorio que se extiende a sus pies. El perímetro del castillo fue agrandado por los árabes. Su época de mayor esplendor se prolonga desde mediados del s. XIII hasta el XVI. En el s. XX fue sometido a una restauración integral.

Para visitar el castillo es recomendable subir desde la Baixa por las empinadas callejuelas que llevan hasta la su entrada. A medio camino se encuentra la Catedral de Lisboa, que veremos a la bajada. Una vez dentro del castillo conviene no tener prisa. Desde su altura se tiene una privilegiada vista de toda Lisboa y del estuario del Tajo, así que no es tiempo perdido dedicar media mañana a subir sus escaleras e investigar todos los rincones y miradores. El castillo tiene un bar y un restaurante, de modo que en cualquier momento se puede hacer un alto para un refrigerio. Puede necesitarse una parada. El castillo tiene unos seis mil metros cuadrados de superficie, con varias escaleras que pueden cansar a alguien con poca forma física.

Como hemos dicho, lo mejor para disfrutar de Lisboa es recorrerla a pie. Pero para los que no puedan caminar demasiado, desde septiembre de 2013 hay un elevador que deja al visitante a la puerta del Castillo. Está en la Rúa dos Fanqueiros. Es gratuito y funciona todos los días desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche.

 

Torre de Belem.

La catedral.

 

La “Sé” lisboeta es de estilo románico tardío y está construida sobre una mezquita. Como muchos otros edificios de la capital, también la Sé ha sufrido los embates de los terremotos. De hecho ha sobrevivido a ellos desde el siglo XIV, aunque el peor de la historia fue el ya mencionado de 1755, que destruyó la capilla gótica y el panteón real. El convento que se había levantado a finales del s. XIII también se vio seriamente afectado por el seísmo y por un incendio posterior. La catedral sería reconstruida en parte, y a inicios del s. XX se le dio el aspecto que podemos ver hoy en día. En los últimos años se han hecho excavaciones en su claustro que han dejado al descubierto el pasado romano y árabe del emplazamiento. La catedral tiene también un museo, en el que se exponen trajes, joyas y reliquias de distintas épocas. La catedral está abierta al público todos los días de la semana hasta las siete de la tarde. Sólo es necesario pagar para visitar el claustro y el museo.

 

La Alfama.

 

A los pies del castillo de San Jorge, entre la colina y el mar, se extiende tal vez el barrio más antiguo de Lisboa. La Alfama es un barrio humilde en el que vivían los pescadores. Entrar en sus callejuelas es transportarse a otra época, en la que los vecinos se hablaban de ventana a ventana y donde es casi imposible escuchar el ruido del tráfico. Aquí la vista se llena con los colores de la ropa tendida y la nariz se ve asaltada por los olores de las comidas que se preparan en casa casa. En este barrio se refugía aún la esencia de Lisboa. Aquí acuden los turistas cuando quieren experimentar la melancolía portuguesa, expresada musicalmente en los fados. De hecho, en el barrio hay un Museo del Fado. Y restos de un teatro romano del s. I a.C. En este barrio está también la Casa dos Bicos, en la actualidad sede de la Fundación José Saramago.

 

El elevador de Santa Justa.

 

 Es uno de los atractivos turísticos más visitados de Lisboa. En sus orígenes fue un ascensor público que superaba el fuerte desnivel que hay entre el barrio bajo y el Carmo. Está a muy pocos metros de la plaza del Rossío, así que te encontrarás con él sin problemas. Fue construido entre 1900 y 1902, y aunque mucha gente piensa que fue obra de Eiffel, en realidad lo diseñó el ingeniero Raoul Nesnier du Ponsard, un francés nacido en Oporto, que muy posiblemente fue discípulo del creador de la famosa torre parisina o al menos se inspiró claramente en él. Hoy en día lo usan sobre todo los turistas para subir hasta las ruinas románicas del Carmo. El tiquet se compra en la paste baja del elevador. Como curiosidad, sube hasta 20 usuarios, pero sólo baja a 15 cada vez.

 

Las ruinas do Carmo.

 

Optemos por superar los 45 metros de desnivel a pie o en el elevador de Santa Justa, una vez arriba, es necesario invertir un tiempo en admirar las ruinas de lo que en el pasado fue la mayor iglesia gótica de la ciudad. El terremoto de 1755 la redujo casi a escombros, y a pesar de que a lo largo de la historia hubo varios proyectos para su restauración, nunca se realizaron. Es por tanto una herida abierta en la convulsa historia de Lisboa y su fatal relación con los terremotos. La Iglesia Convento do Carmo está situada en una colina, enfrente del castillo de San Jorge, lo que convierte al lugar en un mirador privilegiado de la ciudad.

 

Sé de Lisboa.

Castelo de Sao Jorge.

Oceanario de Lisboa

Puente 25 de abril sobre el Tajo.

El Chiado.

 

Uno de los barrios más internacionalmente conocidos de Lisboa. Las guías turísticas lo presentan como el “Montmartre” lisboeta. Sufrió un devastador incendio en agosto de 1998, lo que obligó al Gobierno luso a emprender una restauración integral, que dirigió el prestigioso arquitecto Alvaro Siza. Es especialmente hermosa la iluminación navideña de sus calles, que bullen de turistas y locales agradables para tomar una copa y charlar sin prisa. Es visita obligada recalar en la Plaza Luis de Camoes, uno de los escenarios de la Revolución de los Claveles de 1974 y que está entre los barrios del Chiado y el Alto. Si os gustan las fotos tópicas que se hace todo el mundo, entonces hay que entrar en el café A Brasileira y fotografiarse en su terraza junto a la escultura de broce del genio de las letras portuguesas del s. XX Fernando Pessoa.

 

Puentes monumentales.

 

Muchos son los iconos del pasado que identifican a Lisboa. Pero en las últimas décadas dos espectaculares puentes sobre el Tajo representan el progreso y la apuesta por el futuro de la capital portuguesa. El primero es el “25 de Abril”, que fue bautizado con la histórica fecha de la revolución de los claveles, que en 1974 puso fin a la larga dictadura salazarista. El puente es un gigante de acero que cruza el estuario a lo largo de dos quilómetros. En la parte inferior tiene también vías de tren. Como curiosidad, conviene saber que las rejillas metálicas del suelo hacen aconsejable no superar los 70 km/h. El otro coloso que cruza el Tajo, y que se construyó para aliviar el atasco permanente que había en el 25 de abril, es el puente “Vasco da Gama”, bautizado en memoria de uno de los más grandes navegantes y descubridores de la historia. Está en servicio desde 1998.

 

Las huellas de la Expo 98.

 

Lisboa acogió la Exposición Universal de 1998, que tuvo como tema central los océanos. Como no podía ser de otro modo, se inauguró el día en que se celebraban los 500 años del descubrimiento de la ruta marítima hacia la India realizado por Vasco da Gama. La Expo, como antes ser capital europea de la cultura, dejó varias infraestructuras culturales de primer nivel. Una de ellas es el Oceanario.

Es el segundo acuario más grande de Europa, por detrás del de Valencia. En sus instalaciones el visitante puede contemplar animales de más de 450 especies diferentes. El edificio central (en la foto), está “flotando” en las aguas del Tajo, de modo que se accede a él a través de pasarelas. El edificio tiene dos plantas y la atracción estrella es el gran acuario central. Tiene un horario amplio de visitas, que va de diez de la mañana a ocho de la tarde. Está un poco lejos del centro histórico de Lisboa, por lo que para llegar a él es conveniente hacerlo en un vehículo.

 

  • Fotografías Concierto Suaves

    Fotografías y canciones que evocan tiempos pasados, pero que sin embargo no se olvidan, y en muchas ocasiones se recuerdan con cariño y añoranza, a pesar de la dureza y tristezas que si vivieron en ese tiempo, como "pardao", sin bandera, sin patria ni familia.

  • Video Concierto Suaves, "Pardao"

    Una de las canciones más emblemáticas de la discografía de Los Suaves, con la cual siempre me he sentido muy identificado por el contenido de la letra del tema; crudo y real como la vida misma de un "pardao" entre los charcos de la última lluvia.

POSTERS

REVISTAS

Trotas and Stones

Boca Negra

Trotamundos

Hombre de Piedra

Comentarios y Sugerencias

Enviando formulario...

El servidor ha detectado un error.

Formulario recibido.

Números Revistas Trotamundos

Inicio

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

14

15

16

17

18

19

20